Saturno y Neptuno marcan el destino de Rusia y otros países

Aunque la astrología mundial no es la rama más popular del antiguo arte astrológico, sin duda nos ofrece muchas oportunidades para entender lo que ocurre y (hasta cierto punto) prever qué es lo que viene escrito en la siguiente página de la historia.

De entre los diversos métodos de análisis que nos trae esta astrología, uno de los más interesantes es el estudio de los grandes ciclos planetarios. En otras palabras, cómo se relacionan los movimientos de los planetas lentos del cielo con los acontecimientos de la Tierra. Un pionero en este estudio fue el astrólogo francés Andre Barbault.

Saturno y Neptuno son dos cuerpos lentos que se encuentran en los cielos cada 36 años, marcando ciclos que, como ya comprobó Barbault, se relacionan con el devenir de Rusia y países satélites. No olvidemos que Neptuno es un planeta asociado al comunismo y a otros movimientos políticos de carácter idealista. El encuentro de este cuerpo con el pragmático Saturno, tiene la capacidad de “aterrizar” las grandes ideas y confrontarlas con la realidad. Y esto (la realidad) es algo que al comunismo, como ocurrió en el pasado con el fascismo plutoniano, no le sienta muy bien.

Estos son los acontecimientos asociados a las conjunciones Saturno-Neptuno en el siglo XX:

1917. Revolución bolchevique. Cae la monarquía absoluta de los zares y se instaura un régimen comunista en Rusia.

1953. Muerte del todopoderoso Stalin. Crisis en la Unión Soviética que dará paso a un cierto reformismo dentro del régimen.

1989. Cae el Muro de Berlín. Se derrumban los regímenes comunistas en Europa oriental, creados tras la Segunda Guerra Mundial. Dos años después, la Unión Soviética colapsa.

Algo interesante que se observa a lo largo de estas conjunciones es que su influencia abarca un ámbito geográfico cada vez más amplio. En 1917 se crea un régimen comunista que no tiene mayor repercusión fuera de las fronteras de Rusia. En 1953, media Europa, donde se siente el impacto de la muerte de Stalin, ya está bajo el dominio de la Unión Soviética. En 1989, el golpe tras la caída del Muro de Berlín es mundial (afecta incluso a China).

Por eso, podemos suponer que la conjunción de estos planetas en 2026 tenga un efecto en países “satélites” o aliados actualmente a Rusia. Incluso, podemos suponer que los cambios que ya se están viviendo en esas naciones (Siria, Venezuela y ahora Irán) tengan un impacto sobre Rusia un poco más adelante, tal como vimos entre 1989 y 1991. Las piezas del dominó van cayendo una tras otra. La antigua superpotencia está debilitada y ni siquiera puede ayudar a sus amigos (Al Assad, Maduro, Khamenei) como hacía en el pasado.

Esta es la razón por la que es previsible que Rusia sufra algunas convulsiones en un futuro inminente. En el camino, los países ya citados y otros como Cuba o Nicaragua, van a vivir cambios de régimen muy significativos. Estos cambios, como ya vimos en Europa oriental en la década de 1990, serán difíciles al principio, pero pueden ser esperanzadores a medio plazo.

Ahora bien, hay que decir que, a largo plazo, Rusia renacerá. La conjunción de 2026 se produce en el signo de Aries y nos retrotrae a épocas donde el país, tras mucho sufrimiento, estableció las bases para un crecimiento posterior (Batalla de Kulikovo en 1380 y fundación de San Petersburgo en 1703). Pero aquí estamos hablando de ciclos de crecimiento que durarán décadas y que son hasta cierto punto lógicos, dado que Rusia es un territorio inmenso, lleno de recursos naturales. Nosotros no veremos esa “nueva Rusia”.

En el plazo más breve, podemos esperar cambios de régimen, tanto en Rusia como en sus aliados actuales. Aunque no será lo único que cambie radicalmente en los próximos años.

Permanezcan atentos a sus pantallas.

Imagen de Julius Silver